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sábado, 22 de febrero de 2014

GRÁFICA SIDERAL



Gráfica sideral. Fotocopia retocada a mano, ©  2009, Juan Miguel Muñoz


El resurgimiento de los escribas como casta superior llamada para la grandeza es ya un hecho. Con ellos la imprenta clásica vuelve por sus fueros para quedarse y asumir nuevos retos de alcance colosal. El cosmos es el próximo umbral de las andanzas de la vieja imprenta de tipos puesta al día. Con esta empresa, nostálgica y demencial, la Galaxia Gutenberg hace bandera de su propio nombre y se impulsa hacia las galaxias. En la era digital, el tipo móvil vuelve a las andadas…
    
    La tarea que los nuevos escribas se han propuesto supone el reparo de un agravio, la rectificación del malentendido que está en la base de la cultura impresa desde su origen. Y es que al tipo móvil —pieza básica de la imprenta de siempre— le fue escamoteada su auténtica identidad; de hecho nunca fue verdadera y plenamente móvil, su movilidad fue siempre reducida y de escaso alcance. De la caja a la línea compuesta y viceversa; que es como decir de la mesa al sofá y vuelta a empezar. Esa movilidad reducida a su mínima expresión no era más que libertad vigilada, pobreza vital y alienación.

    El decálogo de esta Gráfica sideral es reductible a un solo mandamiento: que el tipo móvil regrese del sumidero de la técnica y asuma su verdadera identidad, que su movilidad se exprese por completo y llegue a ser correría intensa y vital, perpetuo nomadismo.

    La imprenta vagabunda que propugna la nueva casta requiere un tipo no meramente móvil, sino adepto por completo al desarraigo. En su deriva espacial, ese agente de Actividad Tipográfica Exterior (ATE), impactará contra sólidos, dejará indelebles grafías, pruebas de imprenta rotando en la oscura y honda página del cosmos, cuyas tensiones gravitatorias moverán esos fragmentos impresos en un eterno ejercicio de combinatoria y composición textual.
    
    La página rehaciéndose a perpetuidad, que Borges imaginó en El libro de arena, es el propio universo, no metafórica, sino literalmente impreso.

   El universo es frío y la imprenta —lo dijo McLuhan y lo damos por bueno— un medio cálido. Propiciar el contacto de esas dos temperaturas es la ingente tarea de la vieja imprenta de tipos resucitada; y proponer nuevos e inesperados usos de la imprenta clásica en la era del espacio, el cometido de esta Gráfica sideral.


Gráfica sideral. Fotocopia retocada a mano, ©  2009, Juan Miguel Muñoz

Gráfica sideral. Fotocopia retocada a mano, ©  2009, Juan Miguel Muñoz


Hasta ahora, Gráfica sideral era un trabajo en vídeo de un minuto escaso de duración. Lo dimos a conocer en febrero de 2010, con el texto de presentación que figura más arriba, en Arts Santa Mónica, con motivo de nuestra exposición De la Pulcra Ceniza, ediciones, 1995-2010, y puede verse en la página web de esta humilde casa editora:


                                                 
    En breve nos disponemos a estrenar una nueva versión que duplica su duración. La haremos pública en la inauguración de la muestra Nilo abajo (De la Pulcra Ceniza, obra en marcha 1995-2014), el próximo 20 de marzo en el Espai Betúlia de Badalona, y permanecerá expuesta, junto al resto de nuestra producción, hasta el 31 de mayo.


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domingo, 8 de diciembre de 2013

TRANSMIGRACIÓN DE LA BOCA






En la oscura y larga madrugada del lenguaje mandaba la boca. El ojo siempre ha contado, pero no cobró protagonismo hasta la aparición del jeroglífico, el alfabeto fonético y la escritura en el alba de la civilización. La espesa noche que precedió a esa hora violácea era feudo absoluto de la voz.

  Sopesada en términos de duración, la comunicación humana ha sido principalmente verbal y va desde el grito del antropoide en la noche de los tiempos hasta la plena luz de la oratoria. La imprenta acumula apenas seiscientos años de actividad y la edad de la escritura es de unos cinco mil años. El dominio absoluto de la boca como agente primordial de comunicación se remonta desde ese hito, visible todavía en el horizonte, y se pierde en las arenas del tiempo.

    El peso simbólico y el rango jerárquico que la naturaleza y el tiempo otorgan a un órgano sobreviven y son vigentes en cualquier medio, por extraño que sea al dominio natural. Así, los resabios jerárquicos de la boca, aparentemente relegada del centro neurálgico de la comunicación por obra de la imprenta y de la cultura visual, persisten como presencia tenaz en forma de rictus labial que ha mutado a signo gráfico y se ha ubicado en el lomo de los libros.
  





Porque en el principio era el verbo, toda forma de comunicación que lo suplante ha de rendir pleitesía a su órgano fundamental, la boca. Todo logotipo editorial remite a ese órgano; cualquiera que sea su diseño, ha sido ya previsto y esbozado en el dibujo primordial del área que abarca labios y nariz. 

    Se crean para el ojo, pero la boca ominosa y antigua de simio que llevamos; la boca del chamán y la boca fanática de los profetas; la boca de Jesús, la de Buda y la de Mahoma; la boca de Homero y la de cada uno de los rapsodas nómadas están tras cada logotipo de casa editora. La boca primordial, que las aúna a todas en una sola, no se ha callado todavía, pervive de incógnito en cada uno de esos logotipos. Bien visible sin ser vista.


Transmigración de la boca es un trabajo en proceso, un estudio de imágenes en secuencia con el que demostramos la validez de este postulado radical: todo logotipo editorial remite a la boca.


Transmigración de la boca se puede ver en formato vídeo en nuestra página web: www.delapulcraceniza.com












domingo, 4 de marzo de 2012

EN CARNE VIVA I

Tenemos la suerte de contar con muchos diseñadores gráficos entre nuestros amigos, bastantes de ellos son también suscriptores de Libros De La Micronesia. Con algunos la amistad viene de lejos y a otros nos los hemos ido encontrando en los recodos del camino. Son profesionales de valía contrastada que se ganan la vida con su actividad, gente a la que respetamos pero con la que hemos venido sosteniendo largas discrepancias que, afortunadamente, suelen solventarse sin animadversión ni acritud. El color, forma, vivacidad y talante de esos debates ha sido muy diverso y ha evolucionado con los mismos achaques con que lo ha hecho la amistad, pero su fondo se ha mantenido prácticamente inalterable a lo largo del tiempo.
Para llegar adonde vamos hay que partir de hechos ineludibles y reconocer que entre el numeroso gentío que ha colaborado con De La Pulcra Ceniza apenas hay diseñadores gráficos. Los contados que han trabajado para nosotros lo han hecho en alguna parcela específica y acotada del número de turno de Libros De La Micronesia. De manera que ningún profesional de esa disciplina ha dejado su impronta o sello específico en el aspecto de la colección ni en el de ninguno de sus números en particular.
Para bien o para mal, la imagen de la colección en su conjunto y de prácticamente todos los pormenores de cada uno de los  nueve números de que actualmente consta han corrido de nuestra cuenta. Si bien la solvencia, calidad y eficacia probada del diseño profesional están a todas luces ausentes en nuestra colección, no es menos cierto que esa actitud deliberada de rechazo nos ha mantenido lejos de sus lugares comunes y sus tics inevitables. Aun así es evidente que no nos hemos librado de esas lacras u otras peores, pero nos reconforta pensar que se trata de errores que al menos son inequívocamente nuestros.
La vieja línea de discusión y fricción que mantenemos con los diseñadores es nítida y sigue un dibujo muy preciso. Muy en contra del parecer de la mayoría de ellos, hemos venido sosteniendo que cuando se quiere hacer algo peculiar e inequívocamente de uno, el ideario del diseño al uso, sus planteamientos y hasta su mera presencia hay que dosificarlos al máximo o incluso no aplicarlos en absoluto. El ideal de esa defensa numantina contra los envites del diseño es prescindir de sus profesionales, por amigos que sean.
Puesto que el antidiseño, el diseño distraído y el diseño al que se la trae al pairo el diseño son a estas alturas escuelas y tendencias reconocidas y ya entronizadas, cabe por tanto admitir que la profesión ha concedido a la entropía, al principio de incertidumbre y a quienes van a la contra carta de naturaleza en el seno de su actividad. Si la discrepancia está admitida ¿Por qué sigue abierta entre mis amigos diseñadores y yo una vieja discusión que  parece no tener fin? ¿Por qué no cicatriza?
Esa vértebra en carne viva que siempre se acaba resintiendo, cuyo roce en la conversación reabre de inmediato las viejas disputas, no es otra que nuestra convicción y férrea defensa de que el diseño gráfico, como asunto meramente subalterno que en definitiva es, se ha de contener y a ser posible disimular hasta lo invisible con tal de que no acapare ningún tipo de protagonismo, que siempre será a expensas del producto al que debe servir.
Suele decirse que el hombre mejor vestido es el que pasa absolutamente desapercibido. Nosotros entendemos que otro tanto pasa con el diseño gráfico, que cuando es genuino no sabe a nada, no tiene aspecto de nada en particular y apela únicamente a la discreción y a las soluciones plásticas archisabidas, esas que de tan memorizadas son ya invisibles.
La etiqueta de una botella de buen vino  y la carátula de una publicación pasable han de ser discretísimas, casi anodinas. Y cuando cobran protagonismo es porque el diseño se ha extralimitado y se ha apropiado de un papel que no le corresponde.
El pinchazo de dolor agudo en esa vértebra tocada se dispara cuando apostillamos y dejamos caer que acaso todo eso ocurra porque el diseño gráfico ha dejado de ser un género menor o una artesanía cultivada por grafistas, y han pasado a ocuparse de esa noble, apacible y exquisita manualidad gentes espoleadas por un excesivo afán de notoriedad, que no nace de ellos ni les es propio —son, como hemos dicho, buena gente— sino que se debe simplemente a que se han puesto demasiadas expectativas en esa actividad y las ha excitado un ente  que no es precisamente trigo limpio: el mercado.
A estas alturas la conversación suele entrar en una nueva fase. Es entonces cuando de manera recurrente se nos lanza un reproche que impacta de lleno en nuestra línea de flotación. Se argumenta  —probablemente con razón— que nuestra defensa a ultranza de esa posición no deja de ser una pose, y que nuestro diseño autista es el que es porque el tamaño, talante de nuestro proyecto y marginalidad a ultranza que profesamos lo requieren así. Tocados. Y que si tuviésemos que colocar nuestras ediciones a espabilarse por sí solas en las mesas de las librerías, tendríamos seguramente una visión muy diferente de qué se le exige hoy al diseño gráfico. Hundidos.
De todo eso se habla, más o menos en ese orden y con palabras parecidas, en nuestras sobremesas desde hace mucho, que concluyen, como decíamos al comienzo, sin animadversión ni acritud.
Mostramos a continuación una cuidada selección de carátulas de Libros De La Micronesia por las que hemos sido vivamente reprendidos por las gentes del diseño. Por alguna de ellas incluso se nos ha leído muy severamente la cartilla.











                                                                             
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