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jueves, 24 de diciembre de 2015

DIBUJANDO CON INGRES



Madame Ingres dibujada por su esposo. Ejemplo cabal del dibujo entendido como "probidad del arte".


Si no recuerdo mal —aunque es posible que me equivoque—, creo que fue Donal Judd quien, en una bravata sentenciosa y más o menos apocalíptica, dijo que “el arte como representación está acabado”. Si bien tengo mis dudas respecto a la autoría de ese dictum, no tengo ninguna respecto a que fue Ingres quien de manera harto hermosa, delicada y al mismo tiempo exigente afirmó —en una expresión de contenido y temperatura vital diametralmente opuestos a los de Judd— que “el dibujo es la probidad del arte”, cabe decir la honradez y el recto obrar con un lápiz en la mano en lo que se refiere no ya a mera representación, sino a fidelidad cumplida y adecuación entre el modelo natural y su plasmación sobre el papel. Cuando se es Ingres, la probidad del lápiz es máxima y no solo da exacta y minuciosa cuenta de las proporciones y el parecido del modelo, sino que el probo instrumento del maestro penetra más allá de la cáscara visible y es también capaz de hacer que la línea hable y deje entrever los rudimentos de la vida psíquica que hay detrás.

   Aunque como artista deudor de mi tiempo cabría esperar que rindiera algún tipo de pleitesía y de respeto debido más a Judd que no a Ingres —esa noble y gélida antigualla—, lo cierto es que mi gusto se inclina en sentido inverso. El amor es ciego, pero el deseo —y también el gusto— no. Entiendo que uno  ha de seguir su propio camino del corazón aunque sea a costa de pasar por inactual, trasnochado, poco informado y, lo que es peor, con poca o ninguna retina para el arte penúltimo y, por consiguiente, tampoco para el último.

   El tiempo ha venido a demostrar que si bien el tono apocalíptico de su afirmación iba en la dirección correcta, Judd se quedó corto en lo que respecta al verdadero alcance del agotamiento del arte, que él sanciona y atribuye únicamente al figurativo o de representación, pero que en realidad, y según algunos de sus más conspicuos estudiosos, afectaría a la totalidad del arte, que a estas alturas sería ya puro fiambre.


Donal Judd rodeado de sus acólitos y pontificando acerca del fiasco del arte como representación. N.Y. 1974.


Además de ser grado cero del arte y cimiento básico sobre el que inevitablemente se ha de construir, atributos que ya tenía, Ingres otorga al dibujo el cometido capital y cargo de máxima responsabilidad ética de ser también modelo de honradez y recto obrar. Y ese era mucho cargo para el humilde dibujo. No en el caso de Ingres, ya que él predicaba con el ejemplo y su dibujo es, efectivamente, no solo la probidad sino también la divina prueba del nueve de toda su obra, pero sí en el caso de artistas de menos talento y sobre todo de menos solvencia técnica.

   Aunque todavía queda quien lo sigue empleando en clave de máxima exigencia —Antonio López es uno de ellos—, lo cierto es que hoy día al dibujo se le ha aligerado de toda aquella responsabilidad con la que cargaba en los tiempos de Ingres. Al dibujo ya no se le exige como antes, y por descontado que lo raro y verdaderamente poco usual es que en estos tiempos de relativismo ético —amén de estético— se le exija, como quería Ingres, una ética de mínimos encarnada en la honradez, el recto obrar o algo similar. Son, ya digo, otros tiempos y otras maneras de entender, practicar y afrontar el dibujo, el grado cero del arte como representación entendida a la vieja usanza.


Todo ese preámbulo viene a cuento de que yo también dibujo; es más, una buena parte de mi escasa producción se la lleva Libro del sábado, una sola y extensa obra compuesta de sesenta dibujos a lápiz de grafito sobre losas de mármol; trabajo complejo y de cierta amplitud —ocupa una superficie de unos 45 m2— que me ocupó de 1998 a 2014 y que expuse, junto a una buena parte del resto de mi producción, en el Espai Betúlia en la primavera de ése año.

   Traigo aquí algunas muestras de ese conjunto espigadas al azar y su correspondiente apunte previo, extraído de uno de mis cuadernos de trabajo del año 2000. Digo apunte previo ya que es evidente que se trata de una mera anotación esquemática que para mí es suficiente, pero que nada tiene que ver con el boceto o el estudio preliminar trabajado —que yo no suelo acometer—, géneros menores o de apoyo en la época Ingres y soberbia fábrica donde el maestro doma la línea y la hace hablar, con gracia y limpieza, de una pasmosa epifanía: la del asombroso parecido. Ese misterioso fenómeno —que uno ha convocado una y otra vez con desiguales resultados, como aquí se ve— es el que, cuando se logra, otorga todavía al dibujo la gravedad y la nobleza simple que implica ser, aunque ya no se lleve, “la probidad del arte”.





Apunte previo (arriba) y dibujo final. Libro del sábado, lámina nº 33. 
© Juan Miguel Muñoz, 2001





 Apunte previo (arriba) y dibujo final. Libro del sábado, lámina nº 17. 
© Juan Miguel Muñoz, 2000. 





Apunte previo (arriba) y dibujo final. Libro del sábado, lámina nº 37.
© Juan Miguel Muñoz, 2004.






Apunte previo (arriba) y dibujo final. Libro del sábado, lámina nº 51
© Juan Miguel Muñoz,  2002.


                                                                 †



sábado, 15 de marzo de 2014

LIBRO DEL SÁBADO (II)




El próximo jueves día 20 de marzo a las siete de la tarde inauguramos Nilo abajo en el imponente Espai Betúlia. La muestra, que se podrá visitar hasta el 31 de mayo, repasa la trayectoria de De La Pulcra Ceniza desde 1995 y será de largo nuestra exposición más completa hasta la fecha.
   
   El pasado día 13 hicimos el traslado del material desde nuestro cuartel general en la calle Nilo hasta las instalaciones del Espai Betúlia en Badalona. La mayor parte de las dos toneladas que desplazamos correspondía al peso muerto de Libro del sábado, obra inédita hasta ahora debido en parte a sus dimensiones (100m3), cuya primera versión, provisional todavía, presentaremos en el espacioso marco del Espai Betúlia.
    
   Puesto que la distribución de las veintiséis vitrinas que compondrán el resto de la exposición queda supeditada a la ubicación de esa obra de gran tamaño, hemos comenzado por ahí el laborioso proceso de instalación del conjunto.
    
   Quedan todavía cuatro días de montaje, colocación de vinilos e ilumi-nación para que Nilo abajo quede en perfecto estado de revista, pero Libro del sábado  ya se puede ver.

   Si la aparición de la Biblioteca fósil en 2005 fue el primer síntoma de que De La Pulcra Ceniza no era un pequeño sello editorial al uso en el ámbito de la edición de artista, estamos convencidos de que Libro del sábado vendrá a confirmar, puede que hasta con cierta contundencia, la peculiaridad del proyecto.













sábado, 14 de septiembre de 2013

NILO ABAJO


 
Detalle de uno de los ventanales del viejo taller de De La Pulcra Ceniza en c/Riereta, 10, Barcelona.


La inspiración y los trabajos internos de la sensibilidad son inmateriales; la levadura mental del arte puede brotar en cualquier sitio. Nuestro laboratorio interior nos acompaña siempre y es infinito como el universo. En ambos, el centro está en todas partes.

   Por el contrario la plasmación, realización y ejecución de esos proyectos suele llevarse a término en un espacio acotado cuya posición en la esfera del mundo está definida por unas coordenadas bien precisas.

    La máquina sensible que alimenta nuestro proyecto es nómada y puede plantar su cobertizo mental en cualquier parte, pero las señas de su obrador han estado y están ubicadas en un domicilio físico perfectamente localizable.

    De La Pulcra Ceniza cubrió las etapas iniciales de su desarrollo en su ya mítico y entrañable taller de la calle Riereta, nº 10. Allí se puso en marcha  el proyecto, se creó el logotipo, se realizaron los seis primeros números de Libros De La Micronesia y el primero de la Biblioteca Fósil. El espacioso taller estaba situado en el primer piso, encima de un colegio.

     Siempre decimos que aquella etapa del proyecto era un reflejo del nombre de la calle donde estábamos situados. De La Pulcra Ceniza era apenas un brote, una diminuta riera que arrastraba una actitud y unas cuantas ideas que parecían interesantes y debíamos necesariamente ampliar.

    La vorágine especulativa que se cernió sobre Barcelona a mediados de la pasada década nos arrebató aquel espacio y tuvimos que irnos con la música a otra parte. Si bien acabamos en la otra punta de la ciudad, en un taller de características muy diferentes al anterior, la casualidad o el destino quisieron que se repitieran, invertidas, algunas peculiaridades de nuestra anterior ubicación.

    Desde 2006 estamos situados debajo de un colegio —de una guardería, para ser más precisos—,  en el espacioso sótano del número 28 de una calle cuyo nombre remite nuevamente a lo fluvial pero en sentido superlativo: calle Nilo.

    Aquí se han publicado las tres últimas entrega de Libros De La Micronesia, hemos desarrollado el concepto del libro fosilizado, le hemos puesto logotipo a la Biblioteca Fósil y se la ha impulsado hasta su décimo número. Sobre esos cimientos, que venían de Riereta, hemos levantado una serie de intuiciones que se han desarrollado por entero en la nueva ubicación. Transmigración De La Boca, Gráfica Sideral y El Azul De La Carne son poéticas que pertenecen ya a nuestra etapa Nilo.

   Hemos vuelto a constatar que, como ya ocurrió en Riereta, el proyecto se ha impregnado de las características del cauce da nombre a la calle. De La Pulcra Ceniza se ha mimetizado con el Nilo. La riera y nuestro proyecto han crecido y se han transformado en una corriente que discurre ancha y profunda como el Nilo.

    El título de la exposición, Nilo abajo, nos parece pertinente porque sintetiza la dinámica de nuestra evolución en una expresión poética y coloquial  perfectamente comprensible.


El propósito de la exposición es mostrar lo que hemos venido haciendo y nuestra obra en marcha. La peculiar visión que tenemos de la cultura impresa, el tono irreverente y a la vez cuidado de lo que publicamos, y nuestras curiosas reflexiones y propuestas acerca de lo que puede dar de sí un ancho proyecto que sobrepasa la índole estrictamente editorial, han hecho que la variedad, riqueza y amplitud de nuestra producción no haya podido ser exhibida hasta ahora en su totalidad. Por motivos de espacio, nuestras últimas exposiciones —Centre Cultural, Vilanova del Vallès, 2008; Arts Santa Mónica, Barcelona, 2010—  han mostrado únicamente los fragmentos más representativos del bagaje de De La Pulcra Ceniza. A estas alturas, todavía permanece inédita una de nuestras obras más perturbadoras y de mayor calado, Libro del sábado, cuyas generosas proporciones (50 m2) nos han forzado a dejarla de lado en cada uno de nuestros compromisos.

    Su prestigio, el rigor de su programación y la amplitud de su espacio expositivo hacen del Espai Betúlia el marco idóneo para la exhibición de Nilo abajo. La muestra recogerá la práctica totalidad de la producción de De La Pulcra Ceniza desde sus comienzos en 1995 hasta hoy, que se ha diversificado con los años en una serie de publicaciones, objetos, poéticas, indagaciones e hipótesis diversas respecto a la cultura de la imprenta:

Libros De La Micronesia
Biblioteca Fósil
Libro Del Sábado
Gráfica Sideral
Transmigración De La Boca
El Azul De La Carne
La Estampa Indeleble


Nilo abajo se exhibirá en el Espai Betúlia de Badalona hacia la próxima primavera. Con ocasión de la muestra, publicaremos un catálogo diseñado por Nora Grosse y con textos de Óscar Guayabero y Juan Miguel Muñoz.


Detalle de otro de los ventanales de nuestro primer taller.

c/ Riereta, 10, 1º 2ª. Vista de una parte del espacio.

Vista panorámica de una de las alas del taller de De La Pulcra Ceniza desde 2006. Calle Nilo, 28, Barcelona.






domingo, 16 de septiembre de 2012

LIBRO DEL SÁBADO





Sin la muerte solo habría un dibujo: el firmamento.
                       (Libro del sábado)


Acaso la muerte personificada, la parca, sea el único ente verdaderamente superdotado. Su pasmosa velocidad de aprendizaje, asimilación y alta capacidad serían —son— absolutamente sobrecogedores, y su  dominio de procesos, técnicas y habilidades complejas, prácticamente instantáneo.

Si se acepta lo anterior como razonable hipótesis de partida, no sería ningún disparate pensar que la oscura muerte, esa presencia que la tradición, la cultura y el apego a la vida han tachado de execrable y ominosa, pudiera tener también sus veleidades de artista y ser, en el mejor de los casos, creador dotado, sensible y muy capaz de producir alguna que otra obra  estéticamente cualificada o como mínimo pasable.

El Libro del sábado no es otra cosa que el álbum de dibujo de la muerte, el infolio bello y demencial donde queda registrado su vertiginoso aprendizaje, que en escasamente un día —un sábado sublime—  y un buen fajo de esbozos, apuntes del natural y ejercicios libres evoluciona de no saber coger un lápiz a dibujar como los ángeles.

He venido trabajando de manera intermitente en esta obra —saludablemente inacabada y prácticamente inédita— desde 1998. Siempre me he referido al Libro del sábado como un ingente volumen que respira a sus anchas y se resiste a ser concluido, maquetado y comprimido en formato libro; una obra cuyas imágenes y textos están quizá destinados a perdurar en un estado de gracia robusta y salvaje ajena por completo a las formas de compresión, producción y difusión de producto cultural.

Al cabo de estos casi quince años de trabajo discontinuo llevado a cabo como por antojos y pulsiones de muy distinta intensidad, lo cierto es que el magma de la obra no se ha enfriado todavía. Hay dibujos que entran y salen del plan general, pasajes del texto que hacen lo propio y presentan dos y hasta tres versiones, y toda una maleza de bocetos y cuadernos que han brotado en los márgenes del terreno que en su día se acotó y desbrozó como Libro del sábado. La parcela parece dejada, pero nunca ha estado en abandono.

La obra se compone de sesenta dibujos al grafito sobre losas de mármol y una serie de textos grabados sobre vidrio. El conjunto se distribuye en diez aparadores metálicos que ocupan una superficie aproximada de 50m2. Pese al contenido netamente genital de unos cuantos dibujos de la serie, es a todas luces evidente que la obra en su conjunto no tiene parentesco alguno con la obscenidad gratuita ni con el mal gusto, y no será necesario advertir al espectador a cerca de “contenido explícito” cuando sea mostrada, junto al resto del material de De La Pulcra Ceniza, en la exposición que prepara el Espai Betúlia de Badalona para el 2014.

Como adelanto, ahí va una serie de imágenes y textos escogidos del primer movimiento de los cuatro que componen el Libro del sábado.




        La chiquilla furiosa que acude al dibujo vestida
                de pandemias está al caer. Su soberbia esplende más
que el papel en blanco hacia el que acude.
                   Flota pálido su trémulo plumier en las exequias del día,
               y se oye un lápiz dar bandazos como de estiba suelta
                                                                                 en un navío escorado.



           Hecha a la dalla y la desdicha, qué sabrá la muerte
   de dibujo ni su mano inepta de coger un lápiz.
 En ceniza se deshace el papel bajo su zurda.
 Tal una tormenta de pétalos tullidos llevados
por el viento hacia un museo de escombros,
pasan los apuntes de la muerte en pedazos;
   en añicos esparce su talento la noche blanca.




                                  Ahí van las pavesas del primogénito
                                  de sus dibujos, expuestas en el viento.
                                  Se pierde en la madrugada la página inicial
                                  del álbum de una niña dotada como nadie.
                                  Su arranque memorable se ha volado,
                                  pero la valía de esa mano medra y convence.
                                           La muerte sabe, 
                                           ha domado la línea nada más ponerse.




                                  Pero la línea no es nada para quien
                                  tanto promete. Es hora de fríos cotejos
                                  y pruebas de más alta pericia.




                               Chorreando talento, esa muchacha vestida
                               de óbitos controla su pulso bestial de madrugada
                               y dibuja a mano alzada sobre la lisura de una lámina
                               llena de ahogados. Encorvada sobre las aguas estancas
                               de un aljibe fatal, esboza en agua misma
                               a cuenta de papel; carne pudenda copia del natural
                               bajo una luz antigua de pelo de niños
                                                            ardiendo en el fanal.




         La que diezma, orina en las cisternas como quien
                         emborrona ofuscado láminas fallidas. Las aguas desbordan
             y arrastran consigo los posos de un obsceno dibujo
        a su sepulcro de fango. Ese carmín de casquería
           que corrompe la crecida es prueba evidente de que
          la muerte sabe. No ha amanecido aún y ya dibuja
              la carne como tal. Su mano mustia y glacial es capaz
                                                          de infundir el parecido.




 © de todas las ilustraciones, Juan Miguel Muñoz, 1998-1999-2000 y 2001.






Aspecto que presentaba el Libro del sábado en 2005.