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lunes, 19 de septiembre de 2016

HMS TERROR, FIN DE LA PESQUISA



Pasquín difundido por el Almirantazgo. Londres, 1850.


Si bien es verdad que con algo de retraso, traemos a este humilde blog una noticia que la prensa internacional divulgó el pasado día 12 del mes en curso y la nacional un día después: el hallazgo de la mítica HMS Terror, nave que formaba con la HMS Erebus el contingente de la legendaria y malograda expedición inglesa comandada por sir John Franklin que se desvaneció en pleno Ártico en 1848.

     Al parecer, el hallazgo se produjo el sábado día 3 en las aguas de un remoto enclave cuyo topónimo rinde homenaje precisamente a ese navío, Bahía Terror, y lo destapó un pequeño destacamento de la Arctic Research Foundation desde el Martin Bergmann, uno de sus barcos de rastreo. Según comunicó Adrian Schimnowsky, director de operaciones de la mencionada fundación, el pecio, que se localizó aproximadamente en el centro de la bahía y a una profundidad de veinticuatro metros, no solo está en buen estado sino que incluso puede hablarse de condiciones óptimas o “in pristine condition”, según sus palabras.

    La semana larga que ha mediado desde el día del hallazgo hasta el de su comunicación oficial la tripulación del Martin Bergmann ha hecho las comprobaciones de rigor que confirman sin margen de error la identidad del pecio. Además de cotejar las imágenes del sonar con los planos de fabricación de la nave han introducido en su interior un submarino ROV provisto de cámara. Uno de los detalles inconfundibles del barco, cuyo tubo de escape se ha identificado entre los restos, es el motor de propulsión de 25 caballos de vapor que lleva instalado en la bodega. Al cabo de todo ese minucioso cotejo y comprobación que, como digo, les ha llevado una semana no había ya duda ninguna: el pecio corresponde a una nave de sobra conocida, Her Majesty’s Ship Terror, reliquia ártica capital por derecho propio y uno de los dos objetos más buscados del último siglo y medio. El otro, el HMS Erebus, fue localizado hace justamente dos años, el 2 de septiembre de 2014 en la Bahía Crampton, algo más al sur y no muy lejos de donde ha aparecido el Terror. Las dos naves se han localizado unos cien kilómetros al sur de la posición donde fueron abandonadas el 22 de abril de 1848.

     La pista que ha llevado hasta el paradero del HMS Terror la ha facilitado Simmy Kogvik, el inuit que, como el que no quiere la cosa y por hablar de algo, comentó a Schimnowsky que hace seis o siete años vio sobresalir del centro de las aguas heladas de la Bahía Terror lo que bien podría ser el extremo de un mástil; el fenómeno le resultó tan curioso que hasta le hizo unas fotos que extravió con la cámara. No llegó a ver las imágenes y tampoco hizo comentario alguno del avistamiento. Por si acaso, Schimnowsky, que se dirigía con el Martin Bergmann hacia el Estrecho Victoria, decidió entrar en la Bahía Terror ya que le venía de paso. Según él mismo ha referido, a poco más de dos horas de iniciar la búsqueda dieron con el pecio.

    El Erebus se localizó a tan solo once metros de profundidad, y ha sido un avistamiento de superficie lo que ha delatado al Terror; todo concuerda y parece ratificar la veracidad de uno de los detalles de la información oral que en su momento facilitaron nómadas inuit: que la arboladura de las naves naufragadas sobresalía del hielo. No obstante, gran parte de los individuos entrevistados no habían sido testigos directos del desastre, hablaban de oídas y no supieron dar información siquiera aproximada. Por si fuera poco, lo dificultoso de de la traducción, lo contradictorio de las respuestas, su vaguedad  y escaso rigor geográfico provocaron que de esa vía de investigación no se sacara nada en claro.



Nota de Victory Point, documento que deja constancia del abandono del Erebus 
y el Terror el 22 de abril de 1848. National Maritime Museum, Greenwich.

Que el HMS Terror se botara en 1813 y participara en bombardeos contra posiciones costeras en la guerra contra Estados Unidos, se empleara en misiones de exploración ártica y antártica, y fuese un baqueteado y sufrido navío que tuvo de ser amputado y recosido varias veces no deja de ser interesante y hasta da para llenar una más que meritoria hoja de servicio, pero no para ser el mito marítimo en que acabaría convertido. Para eso hace falta una buena dosis de épica. Y de eso fue de lo que, contra todo pronóstico, hubo de sobra en la que sería su última singladura, cuyos preparativos comenzaron a finales de 1844 cuando fue izado a secano para colocarle una cizalla en la proa y el motor de una locomotora de vapor en la sentina. Luego fue devuelto al gua y pertrechado de carbón y víveres para su viaje definitivo, que sería calamitoso, dramático, hermosamente épico y va orlado con un larguísimo y enigmático epílogo que suma ciento sesenta y ocho años en paradero desconocido.

   Los hitos de ese último periplo son de sobra conocidos. "...El lunes 19 de mayo de 1845 las naves de Su Majestad Erebus y Terror dejaron las atarazanas del muelle de Greenhithe. Para bajar por el Támesis la Erebus fue remolcada por el Rattler, un pequeño vapor de rueda; y la Terror por otro aún más pequeño, el Blazer. Los remolcadores las dejaron en la boca del río y durante un rato se mecieron en el agua mixta. La navegación propiamente dicha comenzó al dejar atrás el malecón de la isla de Rona. El mar veraz comienza ahí.

   Mencionar las etapas iniciales del viaje es nombrar un fetiche o un hito: es invocar. Han sido y serán referidas con la reiteración morbosa con que se rememoran hechos banales que han precedido al horror. No obstante la asidua remembranza de que es objeto, la consabida secuencia ni harta ni se devalúa en simple cadena de anécdotas; la solemnidad que le otorga el ser una confiada secuencia de actos penúltimos lo evita. El número de escalas fue breve y progresivamente frío: islas Orkney, islas Whalefish, estrecho de Lancaster. De no ser porque contactaron con la expedición, el nombre de algunos barcos sería inencontrable fuera del registro del muelle de desguace: la nave de suministros Barretto Junior, que los proveyó de carne fresca y carbón, y que el 12 de julio de 1845 dejó a la expedición en las islas Whalefish para regresar a Inglaterra con la correspondencia y cuatro o cinco marineros que no continuarían; y las balleneras Prince of Wales y Enterprise, que contactaron con la expedición el 26 de julio de 1845 a la entrada del estrecho de Lancaster, y cuyas tripulaciones privilegiadas tuvieron en sus pupilas el fotograma que a ojos del mundo ponía punto final a la mayor expedición ártica: el Erebus y el Terror internándose en la entrada del Paso del Noroeste. Nadie les volvió a ver con vida".


Con el Ártico mermando por momentos y el Paso del Noroeste rendido y accesible durante todo el año, ha sido ahora cuando la gran pesquisa puesta en marcha para dar con el paradero de sir John Franklin, su tripulación y sus navíos se ha cobrado por fin los ases que faltaban.

   Ha tardado ciento sesenta y ocho años en soltar la segunda de sus dos mayores reliquias, pero finalmente el Ártico ha cedido; en 2014 el pecio del HMS Erebus, y hace apenas unos días el de la nave de Su Majestad Terror.


El texto en cursiva es un fragmentos de Erebo & Terror, Libros De La Micronesia nº 6, De La Pulcra Ceniza, Barcelona, 2003.


Erebo & Terror, Libros De La Micronesia nº 6
 De La Pulcra Ceniza, Barcelona, 2003

Erebo & Terror, Libros De La Micronesia nº 6
 De La Pulcra Ceniza, Barcelona, 2003

Erebo & Terror, Libros De La Micronesia nº 6
 De La Pulcra Ceniza, Barcelona, 2003


                                                               †

viernes, 24 de junio de 2016

PRESENTACIÓN EN JAM CIRCUS



Así recordaba De La Pulcra Ceniza el evento a sus incondicionales.


Tal y como previamente se había anunciado a través de los canales habituales, el pasado jueves día dieciséis De La Pulcra Ceniza presentó en sociedad la nueva edición de El oso de arenisca y la fuente tiquismiquis, tercer número de Libros De La Micronesia, cuya edición original data de 1999. El evento tuvo lugar en la sala Jam Circus y contó con la actuación del dúo De la Carmela, que puso al acto un colofón sonoro de categoría.


La presentación dio comienzo a las 19,40 h. y tuvo como conductor a Juan Miguel Muñoz, quien, como no podía ser menos, arrancó directamente, sin preámbulo alguno y sin mediar saludo, con la lectura de un fragmento del capítulo doce del Ulises de James Joyce; novela portento cuya acción transcurre en la ciudad de Dublín y abarca una sola jornada, que coincidía precisamente con la fecha de la presentación: 16 de junio. El acto despegó con una larga andanada verbal, que transcribimos solo en parte: «...El mundo elegante internacional asistió en masa esta tarde a la boda del caballero Jean Wyse de Neaulan, gran maestro jefe de los Guardabosques Nacionales de Irlanda, con la señorita Piña Conífera de Valdepinos. Lady Silvestra Sombradeolmo, la señora Bárbara Abedul, la señora Laura Fresno, la señorita Acebo Ojosdeavellana, la señorita Dafne Laurel, la Señorita Dorotea del Rosal, la señora Clyde Doceárboles, la señora Roberta Verde, la señora Elena de la Parra, La señora Virginia Enredadera, la señorita Gladys Haya, la señorita Olivia del Campo, la señorita Blanca Arce, la señora Maud Ebano, la señorita Myra del Mirto, la señorita Priscilla Saúco, la señorita Abeja Madreselva, la señorita Gracia Chopo, la señorita O’mimosa San, la señorita Rachel Fuentecedro, las señoritas Vivian y Violeta Lila, la señorita Timidez del Tiemblo, la señorita Cati Musgo de la Fuente, la señorita May Espino, la señorita Gloriana Palma, la señorita Liana del Bosque, la señora Arabella Selvanegra y la señora Norma de la Encina, de Encinar del Rey, agraciaron la ceremonia con su presencia...»  (1)

    Tras esa extensa salva y una breve declaración de entusiasmo joyceano seguido de un voto de fidelidad al día de marras, el presentador acometió, todavía sin la venia de la parroquia y sin mediar saludo alguno, la lectura de un pasaje de El oso de arenisca y la fuente tiquismiquis, la obra objeto de presentación: «...Unos dicen que la cancioncilla la malició el oso para avivar la rencilla; otros, que la compuso el murciélago por dárselas de vate alígero y mordaz. El caso es que corrió la voz: el rapsoda leerá la madrugada del solsticio.

   »La noche convenida, una hoguera de tilo perfumado ardió hasta muy tarde. De madrugada, el relente de la vega tomó la plaza tibia y enfrió las piedras una a una. Hacia las tres, la fiebre de las brasas se disipó y las pavesas volvieron a tientas a la ceniza. A las pájaras putillas, los perros beodos y los de siempre se les sumó gente que no era la habitual: la escolopendra, el ratón de bancales, el abejaruco, la noctiluca. Hasta la lagartija pija trajo a su hija.

   »En medio de una gran expectación, en el preciso instante en que Vega se zafó del nimbo opresivo de la luna salió el murciélago, y con su vocecita tiple impostada en cueva recitó colgado boca abajo:

A las fuentes que se acuestan con el río
les vuelan las bragas de raso frío.
En la balsa de lavar, junto al molino,
las ranitas doncellas trabajan fino.
En pedazos iguales las suelen cortar,
se están haciendo corpiños para gustar.

Esta noche una acequia se ha puesto a cien
porque ha echado a faltar blusa y sostén.
A las cangrejas sirvientas les viene bien
a un sostén de cofias le sacan cien.
La blusa la tiene la sapo sastresa,
                                   les coserá picardías de hechura inglesa.»


Fue tras esta segunda lectura cuando el conductor del acto se avino por fin a presentarse, a saludar al público asistente (unas cincuenta almas) y adentrarse en el meollo del asunto: la presentación en sociedad de la esperada reedición del tercer número de Libros De La Micronesia. Entre los asistentes hubo quienes, tras ese largo preámbulo, se temieron lo peor: que el orador quisiera superar su propia marca establecida durante la presentación ―hace ahora tres años― de Ruta nocturna, y hablara durante más de ochenta minutos. Afortunadamente, no fue así; el acto se despachó en tres amenos cuartos de hora.

    La presentación consistió en una breve reseña de la edición original y lo que supuso para De La Pulcra Ceniza su publicación; una mención algo más detallada de las características de esta reedición, con mención expresa del censo de colaboradores; y, finalmente, un repaso de la evolución del proyecto a lo largo de los diecisiete años que han transcurrido entre ambas publicaciones. Para cerrar la ponencia, Jordi Galli tomó el micrófono y esbozó una certera caricatura de De La Pulcra Ceniza «minúscula editorial que elevó una galleta común al rango de best seller; galleta que, por cierto, fue limada en sus extremos para que entrara en la mordida del troquel. Ese detalle se basta por sí solo y lo dice todo acerca de lo peculiar del proyecto. No creo que haya mucho más que añadir al respecto.»


Poco antes de las nueve de la noche, el dúo De la Carmela ocupó el escenario de la sala Jam Circus y, como decíamos al comienzo, puso al acto un colofón sonoro de categoría.


(1)  Ulises, James Joyce. Editorial Lumen, Barcelona, 1989.



Instantánea de Juan Miguel Muñoz durante su intervención.

Micrófono en mano, Jordi Galli glosa el talante editorial de De La Pulcra Ceniza.



                                                                  


sábado, 14 de mayo de 2016

LIBROS DE LA MICRONESIA, Nº 3


Así se ve el nº 3 de Libros De La Micronesia reeditado para la ocasión.

Nos place comunicar que tras un par de años largos de dilaciones, aplazamientos y demoras de índole diversa, finalmente De La Pulcra Ceniza ha publicado la esperada nueva edición del tercer número de Libros De La Micronesia. La publicación se ha dado a conocer durante la pasada edición de Arts Libris. No obstante esa discreta aparición de tapadillo y sin alzar la voz, su presentación oficial y bautizo multitudinario tendrán lugar el próximo jueves 16 de junio en la asociación cultural Jam Circus.

    Como ya hemos comentado con cierta extensión en otras entradas de este blog, el tercer número de Libros De La Micronesia fue, además de nuestro inesperado primer best seller, una publicación clave para el afianzamiento no solo de la colección sino también del proyecto De La Pulcra Ceniza.

     La edición llevaba más de doce años agotada cuando, ante la proximidad del quince aniversario de su publicación, la toxina de la nostalgia nos afectó en profundidad durante una sobremesa, y al cabo de la tarde de ese mismo día ya nos había ganado el deseo irrefrenable de reeditarla.

    Una cosa llevó a otra y aquí estamos con la nueva criatura: un flamante tercer número de Libros De La Micronesia ampliado, enriquecido con textos de apoyo, ilustrado, rediseñado, apostillado y convertido en una hermosa y sentida publicación tributo.


La edición, que consta de quinientos cinco ejemplares numerados y ha sido en parte impresa sobre papel pintado de estampados diferentes para números pares o nones, se presenta en un estuche de acetato transparente y se compone dos cuerpos: la caja de cedé con a la edición original, y un teatrillo desplegable que contiene el libreto añadido para la ocasión.

    Como no podía ser menos en una edición tributo, la publicación se abre con una breve mención de la obra original y quienes la hicieron posible: 
   
    “La edición original de esta publicación es de 1999. La corrección de los textos corrió a cargo de Paz Lorenzo, Martín Ledesma se ocupó de la tipografía, Daisy Dusk de la producción y Juan Miguel Muñoz del diseño y el texto central. En aquella ocasión, el papel pintado era de la marca Laura Ashley; y la galleta, Tostada de Fontaneda.

    Esta reedición, inevitablemente distinta, coral y algo más ambiciosa, desentraña y amplía el breve destello de aquella publicación irrepetible.”



La publicación se presenta en estampados distintos para números pares o nones.

Vista del teatrillo de papel plegado.

Vista del reverso de uno de los número impares del tiraje.

Vista frontal de los dos cuerpos de la publicación

El teatrillo comienza su despliegue...





Vista del teatrillo desplegado, del libreto y los créditos de la publicación.


                                                                †


domingo, 15 de noviembre de 2015

EDITAR EN INVIERNO (1): MARCA DE TIEMPO



Teatrillo Tiquismiquis, © 2014, Almudena Maestro



Nos complace informar de que tras una larga moratoria que ha durado prácticamente lo que va de año, hemos retomado la actividad y trabajamos de firme en la reedición del tercer número de Libros De La Micronesia, nuestro primer y único best seller, que publicamos en el ya lejano 1999. Si la onda expansiva de aquella edición, que tuvo una influencia decisiva en la trayectoria inicial de este humilde proyecto editorial, pasó y se esfumó para siempre, el adorable fantasma de aquel fenómeno nunca se ha retirado de nuestros sueños de editores modestos. Para más información acerca de aquella edición (fabricación, publicación, anecdotario), remitimos a nerds, mitómanos y fans de De La Pulcra Ceniza —si los hubiere— a la entrada de diciembre de 2011 en este mismo blog Nuestro primer best seller.

    Los escasos 101 ejemplares de que constaba la edición se agotaron en unos meses, y desde entonces es publicación descatalogada y prácticamente inencontrable. Nosotros nos quedamos unas pocas unidades que nunca hemos querido vender y llevamos, con el resto de nuestro catálogo al completo, a cada edición de Arts Libris, donde año tras año hemos venido constatando que todavía gustan y siguen teniendo mercado potencial.

    Esa demanda latente fue uno de los factores que tuvimos muy en cuenta —a qué negarlo— cuando nos planteamos editar de nuevo el tercer número de Libros De La Micronesia, una colección de publicación objeto, de tiraje restringido y numerado de ejemplares únicos e irrepetibles que nunca reedita ninguna de sus ediciones, por coherencia y respeto para con las reglas del juego.

   Y eso es precisamente lo que hemos hecho: acatar las reglas del juego y no limitarnos a despachar una mera reedición aproximada sino abordar un proyecto mucho más ambicioso: una nueva edición corregida, ampliada, apostillada e ilustrada para la ocasión. Un nuevo tercer número de Libros De La Micronesia



Portada del nº 3 de Libros De La Micronesia. 1999, De La Pulcra Ceniza.


El nº 3 abierto y desplegado


Contraportada del nº 3


Lo cierto es que hacer una reedición cabal de esa publicación hubiese sido una empresa complicada por varios motivos: los tres modelos de papel pintado de Laura Ashley que se emplearon ya no se fabrican, y tampoco los almacenes centrales de la marca tienen stocks, remates ni rollos sueltos de esos viejos estampados. Con la galleta ocurre más o menos lo mismo: la marca Fontaneda sigue fabricando su famosa galleta María Tostada, pero ya no es exactamente la misma que nosotros utilizamos en su día, sino algo más pequeña y con un diseño ligeramente diferente. Aunque todavía es pronto para confirmarlo, otro asunto con el que podríamos tener problemas es con la tipografía que en su momento se utilizó para fijar el texto El oso de arenisca y la fuente tiquismiquis, vieja y enigmática fuente de PC cuyo paradero es de momento desconocido para los diseñadores que nos asisten, todos ellos abducidos por la secta Mac y peleados por definición con todo lo que sea entorno Windows. Con lo demás no hay problema: la caja transparente de CD y los papeles blanco de seda y vegetal son productos estándar que se siguen fabricando exactamente igual.

    Reeditar esa publicación tal cual era complicado, como he dicho, pero no imposible. Por descontado que hubiésemos podido realizar un facsímil virtual, un doble exacto del tercer número de Libros De La Micronesia. Pero era un recurso carísimo, aburrido por lo previsible y sobre todo reñido con la particular filosofía de De La Pulcra Ceniza, que por la época en que se hizo el tiraje original apostaba preferentemente por la economía, la ligereza, la espontaneidad y el echar mano de lo que había. Aunque la lógica evolución del sello ha desdibujado con el tiempo esos requisitos, entendimos que la reedición no debía faltar a los principios básicos que en su momento alumbraron esa curiosa edición.

   Al factor demanda se sumó en su momento un hecho propicio y muy oportuno que venía que ni pintado para justificar la nueva edición: en 2014 se cumplían quince años del lanzamiento de la publicación original. Habían transcurrido como si nada tres lustros, y vimos en esa efeméride el momento ideal para presentar el flamante nuevo tercer número de Libros De La Micronesia. Con esa estrategia en mente nos pusimos manos a la obra a finales de 2013.


   
A día de hoy, constatamos que se esfumó el factor propicio de la efeméride de los quince años, que hemos dilapidado bastante tiempo y que todo apunta —ahora sí— a que será en la primavera de 2016 cuando tendremos por fin lista la edición. Vamos con algo más de un año de retraso, pero no se me antoja un dato preocupante sino todo lo contrario; diría que, como la marca de agua en el papel, esas señales de divagación y retardo sobre la fibra del tiempo que le hemos dedicado acreditan que es uno de nuestros trabajos; que, en un entorno editorial, social y vital pervertido por la prisa, esa edición se ha elaborado con la cadencia, la demora, los escrúpulos y el primor de siempre; que es genuina, auténtica y no lucirá en vano el pie editorial que la acredite como publicación de De La Pulcra Ceniza.



Libros De La Micronesia, nº 3 / Nueva edición 2016

Tripulación:

Textos: David Aceituno, Carlos Ballester, Jordi Galli, Juan Miguel Muñoz, Ángel Pérez, Magela Ronda y Héctor Sánchez
Ilustraciones: Almudena Maestro
Diseño: Araceli Ramos
Maquetación: Ángel Pérez
Fotomecánica: Óscar Tomás


 †



domingo, 1 de diciembre de 2013

EL ARCHIPIÉLAGO SIDERAL




Rimbaud astronauta, fotomontaje y grafito. © Juan Miguel Muñoz, 2013.

                                                  
                  ¡He visto los archipiélagos siderales! Islas
En las que los cielos delirantes están abiertos al remero.
                                               ARTHUR RIMBAUD, El barco ebrio

   


Nos complace anunciar que hemos completado la tripulación que lo hará posible y comenzamos ya a trabajar en El archipiélago sideral, futuro onceavo número de la colección Libros De La Micronesia, cuyo argumento se vertebra en la reinterpretación actualizada del mito de las islas prodigiosas y los “Islarios maravillosos” que las enumeraban y describían.





“Una isla es una porción de tierra rodeada de deseo por todas partes.”
                                              ANDRÉS SÁNCHEZ ROBAYNA, Cuaderno de las islas


Con el mundo reducido a pedanía hipercartografiada y atravesada en todo momento y lugar por las señales del sistema de posicionamiento global, “la mar incógnita” hace mucho que dejó de ser el abrevadero de la imaginación. Ese lugar lo han ocupado las inmensidades del espacio estelar, nueva mar Océano donde la sensibilidad actual ubica sus fantasmas y su sed de maravillas y prodigios.
    
    Hace apenas unos meses que la ciencia ha ratificado que en ese nuevo marco de la imaginación y el anhelo también hay islas. Así de cierto: en los confines del espacio sideral, en el límite extremo del universo donde el cosmos oscuro e impenetrable se hace transparente como el agua en los bajíos coralinos del trópico, hay ínsulas; islas que acaso sean coágulos de neutrinos, de gas, de polen estelar, de lo que sea, lo decisivo es que ese algo esté rodeado como quiere el poeta: de deseo por todas partes.
                          
                           

La isla maravillosa, asombrosa y casi siempre irreal ocupa un lugar preferente entre las obsesiones de la literatura de viajes de todas las épocas. Aunque el mito de la ínsula prodigiosa tuvo su gran momento de expansión durante los siglos que coinciden con el auge de las expediciones marítimas que ganaron el continente americano y el extremo oriente, y que ensancharon drásticamente las dimensiones del planeta y redujeron en igual medida las dimensiones y el misterio de la Terra Incognita; lo cierto es que su origen es muy anterior. Las sagas nórdicas,  La Odisea homérica y la literatura clásica árabe abundan en descripciones de islas asombrosas. En los albores de la modernidad, la cartografía y la geografía física situaron en los mapas la práctica totalidad del censo de todas y cada una de las islas del planeta, pero es evidente que el mito de la isla desconocida y asombrosa sobrevivió a ese cerco tendido por la visión objetiva de la ciencia, y que su influencia se ha se extendido hasta nuestra época. La isla misteriosa de Verne, Robinson Crusoe de Defoe y el célebre fragmento de El barco ebrio de Rimbaud “…he visto los archipiélagos siderales, donde los cielos delirantes están abiertos al remero”, no son sino versiones actualizadas del antiquísimo mito de las islas prodigiosas, cuya presencia inolvidable en la literatura y en la bibliofilia fue en sí misma un género que cristalizó en los Isola mirabili “Islarios maravillosos”, bellas piezas de orfebrería editorial principalmente árabe, la mayoría de ellas hermosamente iluminadas.



La isla de los muertos (tercera versión), Arrnold Böcklin, 1883.


De manera puramente intuitiva y acaso excesivamente temeraria entendemos que fue el simbolismo el que puso en imágenes el broche final al mito de la isla como lugar de las postrimerías hacia el que todo fluye (Arnold Böcklin, en su célebre serie de telas La isla de los muertos), y a su vez fue capaz de articular nuevamente y abrir al futuro el referente contrario: el de la isla primordial de la que procede todo (Artur Rimbaud, en el conocido pasaje de El barco ebrio: “He visto los archipiélagos siderales...”).
    
   Es precisamente la expresión, netamente moderna y visionaria, de Rimbaud “archipiélagos siderales”  la que señala el preciso momento de inflexión en que el mundo admite que las islas maravillosas ya no se ubican en el mar, sino en el vasto ámbito del espacio infinito, nuevo marco donde la sensibilidad actual emplaza su ansia de prodigios.
   
     Como tantas veces ocurre, la ciencia acaba ratificando lo que místicos y visionarios han entrevisto fugazmente con el ojo de la intuición. Eso es precisamente lo que ha ocurrido con la visión de “los archipiélagos siderales” que Rimbaud tuvo a sus diecisiete años, durante el verano de 1871.
    
   El catorce de febrero de 2012 la prensa se hacía eco del sorprendente descubrimiento de la sonda Planck: “La Misión Planck de la Agencia Espacial Europea (ESA) ha revelado que nuestra galaxia contiene islas de gas frío nunca antes descubiertas y una misteriosa bruma de microondas…”
   
   Islas de gas y una misteriosa bruma de microondas en los cielos… el eterno adolescente de Charleville, Rimbaud, tenía razón: el universo es otro océano con su propio goteo de islas desperdigadas aguardando a que alguien las enumere y las describa en un nuevo Islario Maravilloso. Un islario del espacio.
  
Le bateau ivre, manuscrito de Arthur Riambaud, 1871.


El Archipiélago sideral
(Libros De La Micrionesia, nº 11)

Tripulación:

Textos 
 David Aceituno 
 Javier Terrisse

Música
Javier Hernando

Gráfica 
Ivana Lombardo


Diseño: Araceli Ramos
Producción: Ángel Fraternal & Daisy Dusk
Edición: Juan Miguel Muñoz

Fecha prevista de publicación: abril de 2015.



      


sábado, 14 de septiembre de 2013

NILO ABAJO


 
Detalle de uno de los ventanales del viejo taller de De La Pulcra Ceniza en c/Riereta, 10, Barcelona.


La inspiración y los trabajos internos de la sensibilidad son inmateriales; la levadura mental del arte puede brotar en cualquier sitio. Nuestro laboratorio interior nos acompaña siempre y es infinito como el universo. En ambos, el centro está en todas partes.

   Por el contrario la plasmación, realización y ejecución de esos proyectos suele llevarse a término en un espacio acotado cuya posición en la esfera del mundo está definida por unas coordenadas bien precisas.

    La máquina sensible que alimenta nuestro proyecto es nómada y puede plantar su cobertizo mental en cualquier parte, pero las señas de su obrador han estado y están ubicadas en un domicilio físico perfectamente localizable.

    De La Pulcra Ceniza cubrió las etapas iniciales de su desarrollo en su ya mítico y entrañable taller de la calle Riereta, nº 10. Allí se puso en marcha  el proyecto, se creó el logotipo, se realizaron los seis primeros números de Libros De La Micronesia y el primero de la Biblioteca Fósil. El espacioso taller estaba situado en el primer piso, encima de un colegio.

     Siempre decimos que aquella etapa del proyecto era un reflejo del nombre de la calle donde estábamos situados. De La Pulcra Ceniza era apenas un brote, una diminuta riera que arrastraba una actitud y unas cuantas ideas que parecían interesantes y debíamos necesariamente ampliar.

    La vorágine especulativa que se cernió sobre Barcelona a mediados de la pasada década nos arrebató aquel espacio y tuvimos que irnos con la música a otra parte. Si bien acabamos en la otra punta de la ciudad, en un taller de características muy diferentes al anterior, la casualidad o el destino quisieron que se repitieran, invertidas, algunas peculiaridades de nuestra anterior ubicación.

    Desde 2006 estamos situados debajo de un colegio —de una guardería, para ser más precisos—,  en el espacioso sótano del número 28 de una calle cuyo nombre remite nuevamente a lo fluvial pero en sentido superlativo: calle Nilo.

    Aquí se han publicado las tres últimas entrega de Libros De La Micronesia, hemos desarrollado el concepto del libro fosilizado, le hemos puesto logotipo a la Biblioteca Fósil y se la ha impulsado hasta su décimo número. Sobre esos cimientos, que venían de Riereta, hemos levantado una serie de intuiciones que se han desarrollado por entero en la nueva ubicación. Transmigración De La Boca, Gráfica Sideral y El Azul De La Carne son poéticas que pertenecen ya a nuestra etapa Nilo.

   Hemos vuelto a constatar que, como ya ocurrió en Riereta, el proyecto se ha impregnado de las características del cauce da nombre a la calle. De La Pulcra Ceniza se ha mimetizado con el Nilo. La riera y nuestro proyecto han crecido y se han transformado en una corriente que discurre ancha y profunda como el Nilo.

    El título de la exposición, Nilo abajo, nos parece pertinente porque sintetiza la dinámica de nuestra evolución en una expresión poética y coloquial  perfectamente comprensible.


El propósito de la exposición es mostrar lo que hemos venido haciendo y nuestra obra en marcha. La peculiar visión que tenemos de la cultura impresa, el tono irreverente y a la vez cuidado de lo que publicamos, y nuestras curiosas reflexiones y propuestas acerca de lo que puede dar de sí un ancho proyecto que sobrepasa la índole estrictamente editorial, han hecho que la variedad, riqueza y amplitud de nuestra producción no haya podido ser exhibida hasta ahora en su totalidad. Por motivos de espacio, nuestras últimas exposiciones —Centre Cultural, Vilanova del Vallès, 2008; Arts Santa Mónica, Barcelona, 2010—  han mostrado únicamente los fragmentos más representativos del bagaje de De La Pulcra Ceniza. A estas alturas, todavía permanece inédita una de nuestras obras más perturbadoras y de mayor calado, Libro del sábado, cuyas generosas proporciones (50 m2) nos han forzado a dejarla de lado en cada uno de nuestros compromisos.

    Su prestigio, el rigor de su programación y la amplitud de su espacio expositivo hacen del Espai Betúlia el marco idóneo para la exhibición de Nilo abajo. La muestra recogerá la práctica totalidad de la producción de De La Pulcra Ceniza desde sus comienzos en 1995 hasta hoy, que se ha diversificado con los años en una serie de publicaciones, objetos, poéticas, indagaciones e hipótesis diversas respecto a la cultura de la imprenta:

Libros De La Micronesia
Biblioteca Fósil
Libro Del Sábado
Gráfica Sideral
Transmigración De La Boca
El Azul De La Carne
La Estampa Indeleble


Nilo abajo se exhibirá en el Espai Betúlia de Badalona hacia la próxima primavera. Con ocasión de la muestra, publicaremos un catálogo diseñado por Nora Grosse y con textos de Óscar Guayabero y Juan Miguel Muñoz.


Detalle de otro de los ventanales de nuestro primer taller.

c/ Riereta, 10, 1º 2ª. Vista de una parte del espacio.

Vista panorámica de una de las alas del taller de De La Pulcra Ceniza desde 2006. Calle Nilo, 28, Barcelona.